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jmaznar

El sueño de Holywood

Estoy muy enfadado. Mariano ha bebido más de la cuenta, como siempre. Por mí, que haga lo que le dé la gana en su casa, pero no en la mía, delante de Ana. Y con esa estúpida broma: "...pásame la botella, josemari". ¡Qué vulgar, Dios!. Y el pelota de Acebes que no para de repetirme que "esas no son maneras de un candidato, josemari". Y el Oreja, que no lo puede soportar ya que tiene cada vez más tics y cecea que da gusto, diccionando una prosa empalagosa, copiada, sin duda, de la mía propia, ésta, por supuesto, más precisa y varonil. Sí, todos odian a Mariano. Y la De Palacio, siempre diciendo una majadería tras otra como si estuviese en la ONU. Pero ¿qué tendrá esta mujer dentro de su cabeza?. Y para qué le hace falta esa cartera ministerial que carga como los maletines negros que portaban los soviéticos, siempre al acecho de una ganga que podía aparecer en cualquier momento y lugar. Ahora el Oreja se le pone encima y le pregunta si se cambió el peinado. Pero este Oreja es tonto del bote. Ese peinado lo lleva desde que se graduó en el bachillerato. Igual que la Del Castillo, con su verbo paliza y aburrido. Estoy cansado, tendré que retirarme. Me ha venido a la memoria el sueño de anoche: "disfrazado de verdeolivo y con un fusil ametrallador me abro paso entre la maleza hasta alcanzar la Casa Blanca. Llego y tumbo de una patada la puerta de quince metros. Me sale al paso un militar -¿es Rumsfield?- pero le lanzó un escupitajo y se ahoga lanzando pataditas al aire. Me acerco y le aplico una ráfaga. No se muere del todo. Lo dejo y desde unos metros le escupo otra vez. Avanzo por el salón. Aparece George en pijama y con una botella de bourbon. Me pregunta por qué voy vestido así y armado. Le digo que el juego acabó y que pagará por todas las muertes causadas en el mundo. No le atiendo cuando intenta tranquilizarme -josemairy, ¿te encuentras bien?. Sí, cabrón, estupendamente. Y vas a morir. Pero en ese momento se levanta del escupitajo el militar muerto varias veces y se lanza sobre mí, con una capa pegajosa. Como si fuese resina o algo similar. Asqueroso. Tiro el arma al suelo y me empiezo a morir de asco, con convulsiones. Y George se acerca y me da patadas. Tiene a Ana agarrada por la cintura. En la otra mano la botella. Laura Bush me mira desde un extremo de la escalera, parece enloquecida y harapienta. Y yo no puedo moverme, estoy paralizado, no puedo moverme,...¡aggg, no puedo moverme!".
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